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martes, 16 de mayo de 2017

REFLEXIÓN – No caigas en la trampa del diablo.

“Y aconteció que presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Y le descubrió pues todo su corazón.” Jueces 16:16-17 (RVR)
Trampa


La historia de Sansón, no guarda ningún secreto. ES conocida por todos. Y nos entristece a todos. Un hombre llamado a ser especial, que termina derrotado por su propia tontería. Estaba leyendo este pasaje de la Biblia, y volví a sentir pena por el desastre que hace Sansón. Era judío y no podía casarse con una mujer extraña a su pueblo. Era nazareo y no podía cortarse el pelo ni beber sidra. Era un juez de Dios, y no podía involucrarse con miserias ni peleas humanas de barrio.


Y todo lo que Sansón no podía hacer, eso era justamente lo que hacía. Un verdadero tonto que porque tenía una fuerza extraordinaria pensaba que podría zafar de cualquier problema y controlar todas las circunstancias. Pero el diablo sabe más por diablo que por viejo, y estudia a los siervos de Dios para descubrir su talón de Aquiles. Con Sansón fue bien fácil porque no escondía nada.


Y después de hacer todo mal, se arrima a Dalila. Su último y peor error. Lo notable es que cuatro veces le preguntó el origen del poder de su fuerza, y tres veces Sansón le mintió y los filisteos trataron de atraparlo. Hasta que a la cuarta, después de tanto insistir y de torturarlo y presionarlo, Sansón dice la verdad y le cortan el pelo.


Si sabía que Dalila lo estaba engañando y le mentía y vendía su secreto a sus enemigos, ¿por qué no se fue? Simplemente porque pensaba que podía seguir zafando de los problemas y jugando con el pecado. Pensaba que tenía el control sobre el tema, y no se daba cuenta que lo había pedido hacía mucho tiempo. Un tonto.


Pasaron muchos años de la historia de Sansón pero no hemos aprendido de su mala experiencia. Seguimos repitiendo el mismo error pensando que podemos jugar con el pecado, corriendo el limite de lo correcto y lo incorrecto, suponiendo que siempre podemos decir basta y salir sin pecar de las situaciones que nos tientan.


Y no nos damos cuenta que el diablo nos sigue enredando cada vez más en su telaraña, que tal vez podamos evitar caer una o dos veces, pero a la corta o a la larga, vamos a terminar igual que Sansón, derrotado y sin fuerzas. No juegues con el pecado. Huí de la tentación. Es la manera más segura de seguir puro y santo.



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