viernes, 25 de mayo de 2018

Buenas Noches

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No hay salvación en otro nombre

«En ningún otro hay salvación, porque en todo el mundo Dios no nos ha dado otra persona por la cual podamos salvarnos». Hechos 4: 12, DHH


HECHOS 3: 11 narra que Pedro y Juan, después de la oración, salieron del templo por la puerta de Salomón. Allí los esperaba una gran multitud, asombrada y atónita porque un cojo de nacimiento que había pedido limosna en la puerta del templo durante más de 40 años había sido sanado por el poder del nombre de Jesús. Pedro respondió al pueblo, afirmando que ellos no habían realizado ese milagro, sino que era obra de Cristo, a quien habían crucificado.
Mientras hablaban con el pueblo, se acercaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos para prohibirles que siguieran diciendo que Jesús había resucitado de los muertos y que ellos eran testigos de ese milagro, y los arrestaron y lo metieron en la cárcel. Ese día no pudieron juzgarlos, porque ya era tarde, y los que habían escuchado el mensaje creyeron en Jesús y se unieron a la iglesia. El nombre de Jesús es tan poderoso, que hace crecer a su iglesia.


Al día siguiente, llevaron a Pedro y a Juan ante el concilio para juzgarlos y les preguntaron: «¿Con qué potestad o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?» (Hechos 4:7). Pedro respondió exaltando el nombre y la obra de Jesucristo en la cruz: Resucitó de los muertos y, por la victoria lograda en la cruz, solo en él hay salvación y vida eterna.


Pablo afirma que la muerte y la resurrección de Cristo hicieron que su nombre fuera exaltado sobre todas las cosas: «Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:9-11).


Al ser bautizados en su nombre, nacemos a una vida nueva; nos congregamos en el nombre de Jesús y, en él, podemos pedir cuanto necesitemos. Con el salmista, digamos: «Nuestro socorro está en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra» (Salmo 124:8).

La medicina natural

En las dos orillas del río crecerá toda clase de árboles frutales. Sus hojas no se caerán nunca, ni dejarán de dar fruto jamás. Cada mes tendrán fruto, porque estarán regados con el agua que sale del templo. Los frutos servirán de alimento y las hojas de medicina. Ezequiel 47: 12.


Hace algunos años, cuando yo vivía en Iquitos, Perú, conocí a Nicole Maxwell. Ella había ido al Amazonas a estudiar las plantas medicinales que usaban los indígenas. Gracias a la amistad, ellos le compartieron muchos de sus secretos medicinales, Nicole escribió un libro que contenía esa información.
Una vez, Nicole tropezó y su machete le hizo un feo corte en el brazo. Un jefe indígena rápidamente hizo una sustancia líquida de corteza de árbol, le pidió a Nicole que la bebiera, y eso ayudó mucho a que se le curara la herida más rápido. Los indígenas del Amazonas utilizan aproximadamente 1,370 plantas para atender malestares, casi siempre con éxito. Muchas grandes compañías farmacéuticas llevan ya bastantes años usando diversas plantas para fabricar medicamentos.


¿Has oído hablar de los médicos naturistas? En todos los países hay este tipo de médicos que confían mucho en usar las plantas y otros recursos de la naturaleza para tratar enfermedades y conservar la salud. Como ves, Dios, en la naturaleza, nos da plantas que nos ayudan a curarnos de manera natural. También nos ha dado el sol, el agua y el descanso para que nos mantengamos sanos por dentro y por fuera. ¿Verdad que Dios es maravilloso? Él nos ama mucho.
En el cielo no habrá enfermedades y comeremos todos esos maravillosos alimentos que Dios ha creado. Pide hoy a Dios que te ayude a vivir sanamente.

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RELACIÓN POR LAS PROMESAS

En la Biblia, hay varias manifestaciones de la presencia de Dios. Dios visitaba a Adán en las tardes. Adán trabajaba todo el día y, cuando cesaba, Dios llegaba para hablar con Él. Lo que Adán oía era una voz, cuando el día bajaba. Vivimos tan automático, tan estresados, que no dejamos que Dios nos hable; la primera experiencia que tuvo Adán fue escuchar la voz de Dios, pero tenía que hacerlo en la tarde, cuando no había interrupción. Hoy es tan difícil recibir la Palabra en la iglesia, todo por las interrupciones de la tecnología, las notificaciones de tu celular. Tú tienes que tener una experiencia personal con el Señor, que se meta en tu interior, en tu vida; y eso solo pasa cuando tú eres capaz de dejar las interrupciones a un lado y permitir que Él te hable. Pero queremos una relación con Dios, sin dejar las interrupciones a un lado; vivimos con todas las interrupciones, nos acostumbramos a ellas, y perdemos nuestra verdadera relación con Él.

Cuando miramos la transición de Dios en su relación con el hombre, nos encontramos con Abraham. La manera en que Dios se relacionó con él, es una muy peculiar; y es una de las maneras en que Dios se va a relacionar contigo. Desde Génesis 12, Abraham tiene una experiencia con las promesas de Dios. Su primer encuentro con Dios no fue un sueño; él tuvo después visiones y se encontró con ángeles, pero en Génesis 12 oyó una voz, recibió una instrucción: Deja la casa de tu padre, y muévete a una tierra que yo te voy a mostrar; y te voy a prosperar, a bendecir, te voy a dar un gran nombre. A través de toda la vida de Abraham, lo que vemos es un hombre que se mueve a través de las promesas de Dios. Esas promesas están disponibles para ti hoy; y, si algo debe darte seguridad de la presencia de Dios en tu vida, son sus promesas. Tienes que creer en ellas, actuar en su Palabra, vivir por lo que Él ha prometido; tienes que saber que Él ha prometido y su promesa es fiel para tu vida, a pesar de toda circunstancia que estés viviendo; tienes que tenerlas grabadas en tu interior. Cuando a tu alrededor no ves nada más que complicaciones, cuando las cosas no parecen ser, pareces loco caminando por la vida, pero la gente no entiende que es que tú estás agarrado, tomado por una promesa de Dios. Hay algo que se metió en tu interior, una voz; Pablo decía: Trato de asir aquello que me agarró primero. Esa es una experiencia con la presencia de Dios; cuando Él te agarra a ti primero, cuando algo se te mete por dentro, cuando hay una palabra que Dios te habla a ti –ya sea en un culto, en un momento de oración – se te mete en tu interior, dentro de ti, y tú comienzas a caminar como Abraham, como vagabundo, como extranjero, sin saber a dónde; lo único que sabes es que Dios va a llevarte a algún lugar. Hay algo dentro de ti que te dice que Dios te dio una promesa, algo que te ha marcado, algo a lo que no puedes renunciar.

Uno de los problemas por el que muchos viven en depresión es que no hay algo dentro de ellos que les haya agarrado, que les haga levantarse todas las mañanas, salir a trabajar, a luchar. Tienes que entender que no se trata de tener un sueño, una meta, sino de confiar en las promesas de Dios para tu vida, y saber que, aunque camines por tierra extranjera, y no sepas lo que está pasando, hay una promesa de parte de Dios para ti que te dice que vas a llegar al lugar que Dios tiene preparado para tu vida, y allí te vas a encontrar con Él.

Le pido a Dios que tengas una experiencia con Él, que algo agarre tu interior. Esto no se trata meramente de ser cristiano, sino de que esto se te mete en tu interior, y no puedes ser el mismo nunca más. Cuando cometes un error, ya no es igual, tu consciencia no es la misma, y Dios te persigue, te busca. Después que esto se te mete en tu interior, no hay manera que nadie te lo quite. Lo puedes negar, pero dondequiera que vayas, seguirás siendo lo que Dios dijo que eres porque esa es su promesa para tu vida; Pedro trató de negar a Cristo, pero cada vez que abría la boca se daban cuenta que hablaba igual que él.

Esto te tiene que tomar a ti primero; esa fue la experiencia de Abraham. Todos los momentos de la vida de Abraham, sus encuentros con Dios, eran acerca de la promesa. Dios le salía al encuentro para decirle: Te voy a dar un hijo; te prometí esto. Y una de las formas que Dios va a operar contigo es demostrándote sus promesas para tu vida; los encuentros que vas a tener con Dios, serán basados en sus promesas. Dios te sale hoy al encuentro y te dice: Yo te prometí. Y sus promesas son fieles a tu vida.

En Génesis 28, se nos habla acerca del nieto de Abraham, y su encuentro con Dios. Jacob lleva toda su vida peleando. Todo lo que tiene, lo tuvo que pelear. Desde el vientre de su madre se peleaba con su hermano gemelo, Esaú. Quizás, hoy, tú sientes que todo lo que has alcanzado lo has peleado; piensas que a otros todo les llega. Jacob llevaba toda su vida peleando; Dios dice que Jacob es el bendecido, pero nace segundo. Y qué triste es cuando tú sabes que Dios te dio algo a ti, pero otro llega primero. Jacob peleó y luchó, y un día tuvo un encuentro con Dios.

“15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.” Génesis 28:15

Jacob viene caminando, lleno de problemas. Acaba de engañar a su papá porque quería la bendición que le correspondía a su hermano; y, ahora que tiene lo que quería, tiene que salir corriendo, huyendo. Jacob es la segunda persona en la Biblia a quien Dios le dice: Yo voy a caminar contigo. Dios no le prometió de esta manera su presencia a Abraham; pero sí a Isaac, y a Jacob. A Isaac, en el momento de hambre, cuando le dice que no baje a Egipto; a Jacob, cuando está en dificultades, diferentes a las de Isaac, pero Dios le dice: Yo voy a estar contigo. Es poderoso saber que, aun cuando tú te metes en problemas, cuando cometes errores, hay una voz del cielo que te va a encontrar en tus momentos de mayor frustración, y te va a decir: Yo estoy contigo. Cuando te metes en problemas, muchos te dejan, pero en tus peores momentos, oye la voz del cielo que te dice: Yo estoy contigo.

Salmo 3 Con Explicación y Oración

A continuación leeremos el Salmo 3 en la Versión La Biblia de las Américas (LBLA). Luego haremos un comentario devocional y una oración final.


Salmos 3


Oración matutina de confianza en Dios.


Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón.
¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios!Muchos se levantan contra mí.
2 Muchos dicen de mí:Para él no hay salvación en Dios.
3 Mas tú, oh Señor, eres escudo en derredor mío,mi gloria, y el que levanta mi cabeza.4 Con mi voz clamé al Señor,y Él me respondió desde su santo monte.
5 Yo me acosté y me dormí;desperté, pues el Señor me sostiene.6 No temeré a los diez millares de enemigosque se han puesto en derredor contra mí.
7 ¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío!Porque tú hieres a todos mis enemigos en la mejilla;rompes los dientes de los impíos.
8 La salvación es del Señor.¡Sea sobre tu pueblo tu bendición!



Versículo 1 y 2
Este era un momento especialmente difícil para David, que estaba enfrentando una sublevación contra su gobierno, con el agravante que su hijo Absalón la comandaba.
Muchos del pueblo de Israel, se habían unido con Absalón en esta rebelión. El dolor y el deseo de venganza de Absalón por la violación de su hermana Tamar por Amnón, otro de los hijos de David, fue creciendo hasta convertirse en una sublevación contra el gobierno de su Padre, poco a poco fue convenciendo gente para que se opusiera al rey David así tomaría el poder con su propio ejército. David no pudo manejar este problema entre sus hijos y no logró que se sanarán o restaurarán, incluse venía de una decadencia moral al perder a su hijo por haber matado Urías el esposo de Betsabé, solo para quedarse con ella. En 2 de Samuel capítulo 12 se puede ver que todo lo que le sucedió a David fue consecuencia de sus pecados. Sin embargo decide buscar a Dios, aferrarse a Él, conociendo su misericordia y poder. Esto mismo nos debe alentar cuando creemos que no somos merecedores, cuando pensamos que por haber cometido ciertos errores, ahora Dios nos descarta y ya no nos quiere. David sabía que en el Señor se podía refugiar con toda tranquilidad y confiar en Él en este momento tan difícil.
Por otro lado ya tenía experiencia en este tipo de persecuciones cuando Saúl lo perseguía para matarlo, así que toda esa fe que había formado a lo largo de los años en su relación con Dios, hacían que ahora él tampoco confiase en su fuerza o ejército sino en el Dios de Israel, quién lo había llevado al trono, pero que ahora debía perdonar y extender su misericordia. También conocía que muchos se habían unido en esta traición y que pensaban que era el fin de David, que ni siquiera Dios lo podía librar.


Versículo 3 y 4
Esta es la declaración de fe y confianza que hace David en este difícil momento. No es una rogativa, ni una petición, sino una afirmación, es lo que Dios es para nosotros hoy:
“Mas tú, oh Señor, eres escudo en derredor mío, mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.
Cuando enfrentamos situaciones complejas y de peligro, debemos declarar como David que el Señor es nuestro escudo y quién levanta nuestra cabeza, no solo el Señor te protegerá sino que además te levantará como nunca antes, te restaurará de tus pecados y de lo que el enemigo quiera hacer en tu vida. Él es nuestro refugio en todo tiempo, declaremos esto con nuestra boca.
Y el versículo 4 declara: “Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde su santo monte”. David enfrentaba uno de los conflictos más difíciles de su vida, estaba teniendo consecuencia por pero aun así, la misericordia de Dios estuvo sobre el, porqué clamó y dice que Dios le respondió desde su santo monte. Finalmente Absalón murió y su sublevación fue frustrada y aunque David sufrió por la muerte de su hijo.


Versículos 5 y 6
El versículo 5 dice: “Yo me acosté y me dormí; desperté, pues el Señor me sostiene”. La mano poderosa y protectora de Dios es tan contundente que David dice haber descansado tranquilamente, porque el Señor lo sostenía. Cuando el Señor es nuestro sostén en el alma y el espíritu podemos estar bajo su cobertura, su inmenso poder y su glorioso Espíritu Santo te darán el descanso necesario.
El versículo 6 añade además que: “No temeré a los diez millares de enemigos que se han puesto en derredor contra mí”. David, al haber conocido a Dios de una forma tan íntima y con tantas experiencias, había logrado una fe y valor fuera de lo común, solo un hombre o una mujer que ha pasado por tantas pruebas y ha visto la mano de Dios obrar, pueden llegar a tener este nivel de confianza al decir que aún ante millares de enemigos no temerá.
Cuando conocemos a Dios en el espíritu, íntimamente, sabemos que Él está con nosotros. Tenemos una convicción tan profunda y real. Solo quienes tienen revelación y la fe de Dios pueden comprenderlo, por eso, nuestro desafío es enfocarnos en el Señor, en su palabra de verdad y poder, que nos libra de todo mal para alimentar nuestro espíritu hasta que estemos fuertes sobrepasando las tormentas en paz.


Versículo 7
David pide con indignación que el Señor se levante y le pegue a sus enemigos, es una oración de indignación, que sale de un corazón quebrado por la traición y la injusticia. Pero en esto David se postraba ante el Señor, sabía que solo podía vencer a los enemigos con su poder y con su favor. Proclamemos que el Señor es justo y nos hará justicia, porque si ponemos al Señor como el refugio de nuestros enemigos, Él los detendrá.


Versículo 8
El reinado de David fue victorioso, próspero y glorioso entre las naciones, Dios lo escogió, no porque era habilidoso o fuerte guerrero, sino porque tenía el corazón lleno de fe y ponía a Dios en primer lugar. Era un adorador, su devoción al Señor era evidente en toda su vida, tenía algo en su corazón que lo hizo especial ante Dios. Tal vez la mirada del hombre sea en otro sentido, en algo más externo, pero Dios no evalúa las cosas cómo las evalúan las personas de este mundo, Él ve en lo más profundo de los corazones, y en David, vemos un ejemplo de esto, desechado por su propia familia, despreciado entre sus hermanos, pero fue el elegido de Dios para gobernar su pueblo.
Así sucedió incluso ante la mirada de un hombre espiritual como el profeta Samuel, que también se dejó llevar por su mirada externa, porque en lo íntimo creyó que Eliab, hermano de David, era seguramente el elegido, observando su estatura, su porte y demás, pero ante la mirada de Dios, esto es secundario, lo que para los hombres es primordial, para Dios es de menor importancia, por eso el Señor necesitó hablarle al profeta Samuel, cuando apareció Eliab, para corregir lo que creía, así lo dice en 1 Samuel 16:7
“Pero el Señor le dijo a Samuel: —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón”.
David era victorioso porque antes de las batallas doblaba sus rodillas, clamaba y adoraba al Señor, pedía su dirección, esa era la clave, y aun cuando se equivocaba sabía que podía recurrir a Él. De esta manera entendemos más el corazón de David, que sabía que la verdadera salvación y victoria solo la puede dar el Señor, y termina el salmo diciendo: “La salvación es del Señor, sea sobre tu pueblo tu bendición”.


Hagamos ahora juntos una oración basada en el Salmo 3:


“Padre gracias porque me ayudas a que los enemigos no prevalezcan contra mi, y aunque ellos sean muchos, tu eres mi escudo, mi gloria y quien me sostiene y levanta mi cabeza”.
“Levanta ahora mi vida Padre Celestial, para que resplandezca tu gracia sobre mi y que todos los enemigos de mi alma sean avergonzados y derribados”
“Clamo a ti con mi voz y recibo tu respuesta, creo y espero tu respuesta que viene desde tu santo monte en este día”
“Tu me cuidas, me guardas y me das seguridad, me acuesto y duermo porque tu mano me sostiene”
“Cuídame Señor y Sostenme, asi reposo en paz y tranquilidad todos los días”
“No tengo temor a mis enemigos, no hay temor en mi corazón porque tú estás conmigo, me rodeas y me guardas de todo mal, estoy seguro sin temor en el nombre de Jesús”
“Levántate y rescatame Dios mio, salvame de todo mal y de toda maldición, que los enemigos de mi alma sean destruidos por tu poder y que la obra del diablo sea quebrantada”
“Que venga tu gran salvación sobre mi vida y familia, que tu bendición esté sobre mi y sobre todo lo abarca mi vida”
“Creo y recibo todo esto en el poderoso nombre de Jesús, Amén”

Cómo ser libre de preocupaciones y obtener la paz de Dios

¿Sabías que Dios te conoce más de lo que imaginas? Dios conoce todo lo que te pasa en este momento. La razón de que Dios te conozca tan bien es que Él te creó, y sabía que en esta vida ibas a enfrentar grandes preocupaciones.


Por eso el apóstol Pedro nos dice: “Pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes.” 1 Pedro 5:7 (Traducción Lenguaje Actual)
Y Pablo nos dice así: “No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo.” Filipenses 4:6,7 (TLA)


La única manera de experimentar la paz sobrenatural que viene de arriba es dejar todo lo que nos preocupa en las manos del Único que tiene todo bajo control.Recuerda que fuiste “llamado a formar un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Deja que la paz de Cristo gobierne tu corazón, y se agradecido.” Colosenses 3:15 (TLA)


El profeta Isaías conocía esta paz divina, por eso escribió: “Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía.” Isaías 26:3 (NVI) Y el salmista declaraba: “Cuando me acuesto, me duermo enseguida, porque sólo tú, mi Dios, me das tranquilidad.” Salmos 4:8 (TLA)


¿Necesitas paz en medio de esta tormenta? ¿Necesitas claridad en lugar de completa oscuridad? Pídele a Dios hoy mismo que te envuelva con Su paz, porque “de sus riquezas maravillosas mi Dios te dará, por medio de Jesucristo, todo lo que te haga falta.” Filipenses 4:19 (TLA)


Nunca olvides lo que Jesús nos dijo: “Ya no se preocupen preguntando qué van a comer, qué van a beber o qué ropa se van a poner. Sólo los que no conocen a Dios se preocupan por eso. Ustedes no se desesperen por esas cosas. Su Padre que está en el cielo sabe que las necesitan.


Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Todo lo demás, él se los dará a su tiempo. Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso. Recuerden que ya tenemos bastante con los problemas de cada día.” Mateo 6:25-34 (TLA)


“Les doy la paz. Pero no una paz como la que se desea en el mundo; lo que les doy es mi propia paz. No se preocupen ni tengan miedo por lo que va a pasar pronto.” Juan 14:27 (TLA)


No estás solo ni tampoco sola. Dios está contigo, y Él conoce tus preocupaciones. Pero confía en Él y recibirás su asombrosa paz, de tal manera que “cuando te acuestes, podrás dormir tranquilo y sin preocupaciones.” Proverbios 3:24 (TLA)


“Vivamos bajo el cuidado del Dios altísimo; pasemos la noche bajo la protección del Dios todopoderoso. Él es nuestro refugio, el Dios que nos da fuerzas, ¡el Dios en quien confiamos!” Salmos 91:1,2 (TLA)

Las palabras buenas hacen feliz

«La angustia deprime al ser humano, una palabra buena lo hace feliz». Proverbios 12: 25, LPH


NO ACUMULEMOS TODO lo desagradable, la maldad, la corrupción y lo negativo, evidencias del poder de Satanás, para grabarlo en nuestra memoria, hablar de ello y lamentarnos hasta que nos sintamos deprimidos. […] Hay, gracias a Dios, pensamientos más luminosos y animadores que el Señor nos presenta. Atesoremos las benditas seguridades de su amor como valiosas gemas, para que podamos tenerlo presente en todo momento. El Hijo de Dios, abandonando el trono de su Padre, revistiendo su divinidad de humanidad a fin de rescatarnos del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, abriéndonos el cielo, revelando a nuestra humana visión la cámara de la presencia donde la Divinidad revela su gloria; la humanidad caída levantada desde el abismo de la ruina en que el pecado la había sumido, y puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, habiendo soportado la prueba divina por la fe en nuestro Redentor, revestida con la justicia de Cristo y exaltada a su trono. Estos son los cuadros con los cuales Dios nos invita a alegrar las cámaras del alma.  


«Porque el Señor tu Dios está en medio de ti como guerrero victorioso. Se deleitará en ti con gozo, te renovará con su amor, se alegrará Por ti con cantos». Sofonías 3: 1 7, NVI «Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza». Filipenses 4: 8, DHH

¿Qué haces con tu ira?

“Mas vale ser paciente que valiente, mas vale vencerse a uno mismo que conquistar ciudades” (Proverbios 16:32).


¿Alguna vez has perdido los papeles? Quizás le has gritado a alguien o has deseado golpear algo o a alguien. Quizás tu hermano pequeño no quería dejarte en paz o tu maestro te mandó demasiado trabajo para casa.
La Biblia da algunos consejos que podemos seguir en esos momentos en los que estamos a punto de perder los estribos. Hagamos un curso intensivo de gestión de la ira echando un vistazo a lo que la Biblia dice al respecto.El Señor es extremadamente bondadoso y no se enoja con tanta rapidez como lo hacemos nosotros: «El Señor es tierno y compasivo, es paciente y todo amor» (Salmo 145: 8).


Cuando te sientas tentado a enojarte, procura calmarte. «El que es impulsivo actúa sin pensar; el que es reflexivo mantiene la calma» (Proverbios 14: 17).No pasa nada por enojarse, pero no está bien decir o hacer algo malo solo porque estás enojado. «Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día» (Efesios 4: 26).


Perdona y olvida. En lugar de aferrarte a las cosas que te hacen enojarte, intenta ser amable y perdonar. «Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4: 31-32).


Ponlo en práctica: Si pierdes los papeles con mayor frecuencia de la que te gustaría, sigue los consejos que da la Biblia e intenta calmarte antes de explotar. Cuando sientas cómo la ira crece dentro de ti, respira hondo varias veces y ora en silencio. Si lo ves necesario, aprieta los puños o márchate. Asegúrate de darte tiempo suficiente para recobrar la compostura antes de decir o hacer algo de lo que te arrepientas.


Ponlo en oración: Pide a Dios que te ayude a mantenerte tranquilo y calmado.

Buenas Tardes

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Vidas transformadas

«Jesús le contestó: “Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna”». Juan 4: 13, 14, DHH


JESÚS se encontró con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Debido al odio ancestral entre judíos y samaritanos, ese territorio pudo haber rechazado la obra de Jesús. Sin embargo, junto al pozo, la mujer aceptó dialogar con nuestro Señor. El Salvador pasó de lo que parecía una conversación trivial a hablar de la salvación eterna, y la mujer, que esperaba al Mesías venidero, creyó en él cuando se reveló como el Mesías prometido.


La presencia de Jesús cambió las cosas para los samaritanos. Después de descubrir quién era ese forastero, la mujer fue a los suyos y les dijo: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» (Juan 4: 29). Por su testimonio y su conversión, otros habitantes de la ciudad de Samaria creyeron en él: «Ya no creemos solamente por lo que has dicho, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo» (Juan 4:42). La presencia permanente de Cristo en el corazón, en el hogar, en el trabajo, en los viajes, en las reuniones, es lo que marca la diferencia y produce conversiones genuinas.


Cuando Jesús llegó a Samaria, la semilla nació, creció y muchas personas le entregaron sus vidas. Cristo siega donde no siembra y recoge donde no esparce (ver Mateo 25: 26). Así es el poder de Dios. Él es el dueño, el que tiene el control de todo. Pidámosle todos los días que su presencia esté allí donde vayamos. Si hay desánimo, un corazón desvalido o un vacío por haber perdido a un ser querido, pidamos que la presencia de Cristo permanezca a nuestro lado y él suplirá toda necesidad, animará al desanimado y fortalecerá el alma.


La presencia de Cristo mitiga el sufrimiento y ablanda el corazón. Él da esperanza y fortalece la fe. Su presencia en nuestra vida hoy, puede transformarlo todo.

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Evangelismo

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