domingo, 25 de febrero de 2018

Buenas Noches

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Dios habla a tu corazón

Mi hijo / hija, atiende mis palabras;
Inclina tu oído a mis dichos.
Que no se aparten de tus ojos;
Guárdalos en medio de tu corazón.
Porque ellos son vida para aquellos que los encuentran,
Y salud a toda su carne. (Proverbios 4: 20-22)


Nuestro Padre Celestial quiere hablar contigo. Tú lo amas por sobre todas las cosas, pero has pasado por tantas situaciones, que el ruido a tu alrededor, el sonido de tus problemas, es ruidoso y te distrae del verdadero propósito de tu Padre Eterno en tu vida presente.

Esta mañana, Él te está hablando directamente a ti, este versículo bíblico tiene que ver contigo, contigo hoy, contigo ahora.

Escucha su voz y entrégale todas tus cargas. Incluso si sientes un completo silencio, incluso si no puedes oír nada, Él está hablando palabras de consuelo a tu espíritu. Y Sus palabras están trayendo vida y alegría a tu corazón, y salud a tu carne, a toda tu carne, es decir, a cada área de tu cuerpo.

Es importante que lo entiendas, Dios no solo desea ministrarte espiritualmente sino también físicamente; medita en eso por un par de minutos.

Toma un momento para agradecer a Dios por estos dos milagros que operan en tu vida en este momento. Di en tus propias palabras: Padre Celestial, recibo estos milagros que me muestras en tu Palabra. Al leer estos versículos de la Biblia, entiendo que es tu deseo y su voluntad darme estos dos regalos.

Dios te está diciendo hoy que está fortificando sobrenaturalmente tu espíritu y sanando tu carne de cualquier enfermedad. Cuando la Palabra del Señor se refiere al corazón, está hablando sobre el corazón espiritual, es decir, tu espíritu, tu verdadero yo.

Dios fortalece tu espíritu y sana tu cuerpo. Bendito sea nuestro Señor por siempre. Esta es promesa de Dios y Él no miente. Recibe esta Palabra, es para ti.

¿No alcanza?

Leer: 2 Corintios 9:10-15
Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis… (Hebreos 13:16).


Mientras volvíamos a casa después de la iglesia, mi hija iba en el asiento trasero disfrutando sus galletitas con forma de peces mientras mis otros hijos le rogaban que las compartiera con ellos. En un intento de redirigir la conversación, le pregunté a la acaparadora: «¿Qué hiciste en la clase hoy?». Contestó que había hecho una cesta con panes y peces porque un niño le había dado a Jesús cinco panes y dos peces para que Él alimentara a más de 5.000 personas (Juan 6:1-13).
«¡Qué amable fue ese muchachito al compartir! ¿No te parece que Dios te está pidiendo que compartas tus peces?», pregunté. «No, Mamá», respondió.
Intenté alentarla a no quedarse con todas las galletitas, pero agregó: «¡No alcanza para todos!».

Es difícil compartir. Más fácil es aferrarnos a lo que tenemos. Quizá calculamos y llegamos a la conclusión de que, simplemente, no alcanza para todos. Además, suponemos que, si damos, no quedará suficiente para nosotros.
Pablo nos recuerda que todo lo que tenemos proviene de Dios, quien desea enriquecernos «en todo para toda liberalidad» (2 Corintios 9:10-11). Las matemáticas del cielo no calculan escasez, sino abundancia. Podemos compartir con gozo porque Dios promete ocuparse de nosotros aunque demos con generosidad a los demás. 



Señor, ayúdame a compartir con otros hoy.


Cuando creemos en la bondad de Dios, aprendemos a ayudar a otros.

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El Gran Médico

Leer: Mateo 4:23–5:12
Permaneced en mí, y yo en vosotros… (Juan 15:4).


Cuando el Dr. Rishi Manchanda les pregunta a sus pacientes: «¿Dónde vive?», quiere saber más que su dirección, ya que ha visto un patrón. A menudo, quienes buscan ayuda, viven en entornos estresantes. Hongos, parásitos y toxinas los enferman. Por eso, el Dr. Manchanda se ha convertido en representante de lo que él denomina «Médicos contra la corriente». Son profesionales de la salud que, además de brindar ayuda médica urgente, trabajan para llegar a la fuente de una salud mejor.


Cuando Jesús sanaba a los que acudían a Él (Mateo 4:23-24), miraba más allá de la necesidad física urgente y del interés material. En su Sermón del Monte, ofreció más que una atención médica (5:1-12). Describió siete actitudes mentales y del corazón saludables que resultan de una visión nueva y una promesa de bienestar espiritual (vv. 3-9). En otros dos casos, llama bienaventurados a los que sufren persecuciones implacables y hallan esperanza y refugio en Él (vv. 10-12).
Las palabras de Jesús hacen que me pregunte: ¿Dónde vivo? ¿Soy consciente de que mi necesidad de bienestar va más allá del alivio físico y material? Mientras espero un milagro, ¿anhelo tener ese corazón pobre, roto, hambriento, misericordioso y pacificador que Jesús llama bienaventurado? 


Señor, dame una nueva visión de la verdadera salud en Cristo.


Cuando Dios es nuestro hogar, nuestra esperanza está en Él.

De arañas y la presencia de Dios

Leer: Efesios 3:14-19
Para que os dé […] el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu (v. 16).


Arañas. No conozco a ningún niño a quien le gusten. Al menos, en su habitación… a la hora de dormir. Pero mi hija, cuando estaba por acostarse una noche, vio una araña peligrosa cerca de su cama. «¡¡¡Papá!!! ¡¡¡Araña!!!», gritó. Por más que lo intenté, no pude encontrar a la intrusa de ocho patas. «No te va a hacer nada», le aseguré, pero ella no estaba muy convencida. Solo cuando le dije que me quedaría al lado de su cama para vigilar, accedió a meterse en la cama.
Cuando se acomodó, la tomé de la mano y le dije: «Te amo mucho. Estoy aquí. Pero ¿sabes una cosa? Dios te ama aun más que papá y mamá. Y Él está muy cerca. Siempre puedes orar a Él cuando tengas miedo». Al parecer, eso la consoló, y poco después, dormía tranquila.


La Escritura afirma con frecuencia que Dios está siempre cerca (Salmo 145:18; Romanos 8:38-39; Santiago 4:7-8), pero, a veces, nos cuesta creerlo. Tal vez por eso, Pablo oró para que los creyentes efesios tuvieran fortaleza y poder para entender esa verdad (Efesios 3:16). Sabía que, cuando tenemos miedo, podemos olvidarnos de la cercanía de Dios. Sin embargo, así como yo acompañé con amor a mi hija aquella noche, nuestro amoroso Padre celestial está a una corta oración de distancia de nosotros. 


Señor, gracias por estar cerca siempre. Danos fortaleza y poder interior para recordarlo.


Dios siempre está cerca, a pesar de nuestros temores.

El pensamiento del Día

Jehová te dice hoy, pueblo mío eres tú,


yo té redimí, te puse nombre,


esfuérzate y sé valiente, 


YO estoy contigo.


Y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra,


dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy 


con vosotros, dice Jehová de los ejércitos.Hageo 2:4b

Pensamientos y palabras de bien

Las palabras tienen poder… para construir o para destruir.Cuando alguien te dice algo bueno o malo, está colocando semillas que tienen el poder de plantarse en tu mente; por eso es necesario colocarle un filtro a las cosas que recibimos.Tú puedes decidir ¡qué hacer con esa semilla!


Al hecho de recibir, aceptar y permitir que se arraigen o eliminar los pensamientos lo podemos llamar “administración del pensamiento recibido”.Todos experimentamos una sensación de alivio, gozo y de fortalecimiento personal cuando otros nos hablan con palabras de afirmación, tales como “eres una persona capaz; estás bendecido(a) por Dios; tienes un día por conquistar y tu eres un(a) conquistador(a)”; todas estas frases alegran el día, y tienen el poder de ayudar en la concentración para tus actividades cotidianas… porque te llevan a dar lo mejor que hay en ti.


Por el contrario, las palabras de rechazo, condenación o pesimismo pueden producir en las personas pensamientos de rechazo, dolor y/o preocupación; además que, en muchos casos éstas le “roban la concentración” y la persona se puede sentir amargada y triste.
Como este proceso es de doble vía, es decir, cuando tu hablas, riegas semillas en otras personas, pero cuando otros te hablan están tratando de sembrarlas en ti.Por tanto, hay que ser selectivos, en lo que se habla y en lo que se recibe… esta administración consciente del lenguaje te ayudara para tener una mejor calidad de vida.


Elimina del corazón y de la mente las malas semillas que te hayan sembrado, decide hoy mismo, cortar con esa voz de tu infancia que recuerda palabras de mal y presagios malignos que otros colocaron en tu mente, y cámbialos por pensamientos de bien… porque tú eres una persona especial; llena de grandes potenciales y capacidades.


¡Siembra amor y afirmación usando palabras que sean semillas que produzcan frutos de bendición en los demás!


Oro para que decidas ser una persona que administra tanto el pensamiento, como las palabras que salen de tu boca.


Versículo: “No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan” Efesios 4:29 (NTV)

CRISTO NOS HA REDIMIDO DE LA MALDICION




¿Quién conoce el poder de tu ira?


Y desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli. ¿Lema sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?
El Señor hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros.
Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús.
Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.


Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros.


Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de El. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.
…para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.


Sal.90:11 Mt. 27:45,46 Is. 53:6 Ro. 8:1; 5:1 Gal. 3:13 I Jn. 4:9,10 Ro. 3:26

Buenas Tardes

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Perdona

Cuentan que cierto día, varias personas vieron a un joven acercarse al río Sena, en París, con la intención de ahogar su perro. Cuando su bote se hallaba en medio del río arrojó el perro al gua. El pobre animal trató de volver al bote pero cada vez era rechazado y apaleado por su cruel amo con los remos. Haciendo esto, la pequeña embarcación volcó, y el hombre se hubiera ahogado si su perro no lo agarraba con los dientes por su ropa y lo llevaba a la orilla, donde recibió ayuda a la par de regaños de quienes presenciaron los hechos.


Si un animal es capaz de salvar a su amo, pese a la crueldad y los malos tratos recibidos, cuánto más nosotros, que conocemos del amor de Dios, debemos perdonar a quienes nos hacen daño y ayudarlos a llegar a Jesús.
No es fácil perdonar y amar a quienes nos lastiman pero Jesús es nuestro más grande ejemplo, Él, estando en la cruz, pidió al padre que perdonara a quienes lo crucificaron: “Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados sortearon su ropa, tirando los dados” (Lucas 23:34 NTV)


Cuando el daño que recibimos viene de personas que amamos como nuestra familia y amigos, y somos sólo nosotros quienes buscamos estar en paz con ellos pero no vemos cambios de actitudes, podemos frustrarnos mucho y pensar en rendirnos, en ya no perdonarlos más. Sin embargo, en Mateo 18:21 – 22, Jesús nos dice cuántas veces debemos perdonar: “Luego Pedro se le acercó y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces? —No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete”. (NTV)


No es fácil perdonar ni amar a nuestros enemigos, pero si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, debemos seguir sus enseñanzas, aunque sean difíciles y tengamos que lidiar con nuestro enojo, frustración y hasta con nuestro orgullo. La buena noticia es que ¡no es imposible seguir sus mandamientos, tomados de Su mano podemos hacerlo!



 
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